Protección de la naturaleza

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En los pasados tres últimos siglos, las turberas no han sido considerados como zonas naturales ni hábitats de gran valor, sino más bien como terrenos baldíos, útiles para el asentamiento y el establecimiento de espacios vitales para el hombre. Para ello, la desecación y el aprovechamiento económico de los las turberas se situó en un primer plano. Esto aún se puede observar en la actualidad: el 60% de todas las turberas altas y el 95% de las bajas están sometidas desde hace décadas a un uso agrícola más o menos intensivo y, en pequeñas proporciones, también forestal.

Las autorizaciones para extraer turba se expedían aún en los años 60 del siglo XX. con la imposición motivada políticamente de, a raíz de la obtención de turba, arar en profundidad las superficies para obtener de este modo nuevas y valiosas tierras de cultivo.

Desde principios de los años 70 del pasado siglo se ha introducido un cambio en la mentalidad de la economía, política y población. Los terrenos pantanosos naturales o próximas a la naturaleza básicamente ya no se explotan. Para la explotación existen muchas otras superficies de turberas altas empleadas anteriormente con fines agrícolas. Para estas superficies, la explotación de turberas supone incluso gran oportunidad, desde el punto de vista de la preservación natural.

Gracias a la restauración de terrenos húmedos deteriorados se generan áreas húmedas ecológicamente valiosas con posibilidad de transformarse en nuevas turberas, que no en pocas ocasiones reciben el estatus de reservas naturales.

El programa de protección de pantanos que se practica en la Baja Sajonia (Alemania) desde hace 25 años es un ejemplo sorprendente.

Fuente: Bundesvereinigung Torf- und Humuswirtschaft im Industrieverband Garten (IVG) e.V. [Asociación federal de economía de turbas y humus en la asociación industrial para la jardinería].